Lo de que los compositores eran gente «para quererla» lo conocemos todos, pero hoy os traigo unas historias que creo que os van a gustar mucho. ¿Echamos un ojo?

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Hablemos de Mozart  y sus peculiaridades. Le tenía manía a la flauta y los sonidos estridentes en sí. Y sin embargo se marcó una opereta entera dedicada a la flauta, La Flauta dentro de La Flauta Mágica hay un aria muy famosa, el aria de La Reina de la Noche (2’50”) que sólo una soprano ligera puede cantar (una soprano ligera es una mujer soprano que puede cantar todavía en registros más agudos de lo habitual). Bien, pues se cuenta que este aria la escribió Mozart deliberadamente con esa complejidad para desafiar a una de las sopranos de la época, una diva que se quejaba de que no se escribían piezas lo suficientemente complejas para ella. Y entonces Mozart se sacó este aria de la manga.

Schubert y la timidez, parece ser que este compositor era un tímido consumado, huraño con aquellos a los que conocía. Se dice que muchas veces, según terminaba de tocar el piano ante un pequeño auditorio, cogía y se piraba a la francesa para evitar tener que hablar con nadie.

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Chopin y las fobias.  Al parecer, el más grande de los compositores para piano (en mi opinión), tenía fobia a los teatros y a los auditorios grandes. Si tenía que tocar en uno, le entraba ansiedad, sentía que se asfixiaba, así que los evitaba.

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Stravinsky y la hipocondría. Uno de los compositores más recientes(del siglo XX), era hipocondríaco hasta niveles exasperantes. Según parece,visitaba siempre a un médico en cada ciudad que pisaba. Y después de que en 1934 su hijo enfermara de apendicitis, se hizo extirpar el suyo propio (y el de sus otros dos hijos) para evitar que les ocurriera lo mismo.

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Schumann, Brahms y “la chica”. Entre estos dos míticos del piano del siglo XIX, “la chica” en cuestión no era otra que Clara Wieck, otra pianista más, una de las mejores del siglo XIX en Alemania. Como si fuera la precuela de la historia de George Harrison y Eric Clapton con Pattie Boyd, entre Robert Schumman, Johannes Brahms y Clara Wieck hubo también ahí un triángulo amoroso digno de mención. Robert y Clara ya estaban casados cuando apareció Johannes, amigo cercano de Schumann, y se enamoró perdidamente de ella. Y ella también se enamoró de él, pero sacaba 14 años a Brahms y siguió casada con Robert toda la vida.

Tchaikovsky y la intolerancia. Aunque algunas hipótesis dicen que el compositor de El Lago de los Cisnes murió de cólera, otras dicen que Tchaikovsky se suicidó con arsénico, probablemente por la incomprensión a su homosexualidad, un secreto que trató de mantener escondido toda su vida. Y es que mantenía una relación con el sobrino del Zar de Rusia, pero era algo que debía mantener en sumo secreto. Inclusó se llegó a casar dos veces para disuadir sospechas y tuvo  una hija con su primera mujer.

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Bach y la ignorancia. La ignorancia que rodeó en ocasiones a Bach y a su talento a lo largo de su vida fue proverbial. Por ejemplo, los seis conciertos de Brandemburgo los compuso para el marqués de la misma ciudad, Christian Ludwig. Según parece, los recibió y los guardó en un cajón polvoriento y no fueron descubiertos hasta años después.

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Beethoven y su sordera. Por aquel entonces no se sabía muy bien cómo tratar los resfriados y es que el joven Beethoven sufría de otitis y su médico le dijo ni más ni menos que debía meter la cabeza en cubos de agua helada durante varios días. ¿Podéis imaginar qué ocurrió verdad? Que qué casualidad, se quedó sordo.

Más curiosidades sobre él es algo muy conocido, su temperamento. Y es que no se le podía molestar mientras componía, de verdad, no molestar. Tanto es así que llegó a tirar una banqueta a un príncipe que entraba por la puerta para poder conocerle.

Otra historia sería la maravillosa idea de su editor de llamar a la sonata 14, “Claro de luna” simbolizando así un amor, una obra de amor. Pero realmente la obra estaba pensada en la furia por la sordera de Beethoven, en su depresión por estar quedándose sordo, lo cual este respondió propiándole una paliza al editor.

Wagner y sus métodos para conseguir mecenazgo. La admiración que sentía Luis II de Baviera por Wagner parece que superó lo estrictamente musical.  Lo que es completamente cierto es que Luis se encargó del mecenazgo personal del compositor.

Richard Wagner

Una vez en el trono se le prometió en matrimonio con una joven princesa europea, pero a los tres meses de celebrarse el enlace, lo anuló y nunca más volvió a pensar en casarse. A cambio, se centró en quieres serían los dos grandes amores de su vida: Wagner, como ya dijimos, y un joven oficial de caballería.

Hasta aquí todo correcto, pero es que Wagner nunca amó al rey loco, sino que lo utilizó, lo sedució para así poder construir su teatro. Necesitaba dinero y Luis estaba dispuesto a darle todo lo que necesitara, lo único que tuvo que hacer  Wagner fue darle lo que él necesitaba, amor.

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